domingo, 7 de febrero de 2010

¿VILLARATO?

No quería hacerlo. No me apetecía más dar pábulo al tema. Pero después de ver la fijación de Marca, pidiendo la suspensión a perpetuidad de Piqué por la roja ante el Getafe, y de As, rearbitrando el partido para dejarlo en 1-2, tras anular el gol de Messi por fuera de juego posicional de Ibra y ver otro penalty en el área barcelonista, no he podido más.

Esta última semana se han desarrollado curiosas teorías sobre el significado del Villarato. Referencias al apoyo de Laporta a la reelección de Villar hace años, reflexiones sobre el apoyo de los árbitros a los grandes basadas en la main de dieu de Henry y la selección de árbitros para el Mundial de Sudáfrica...

Tonterías.

El Villarato es la respuesta de un colectivo (el madridismo), canalizado a través de unos mensajeros a sueldo (periodistas, de As y Marca, pero también de las cadenas televisivas presuntamente nacionales) a una serie de síntomas psicosomáticos que se resumen en:

ESCOZOR por pasarse los años en blanco mientras el rival completa el mejor año de la historia que ningún equipo haya jamás vivido, sumando todos los triunfos de forma inapelable, con buen fútbol y mejor estilo.

ENVIDIA por no poder disfrutar de un juego atractivo y admirado a nivel mundial, como sí ocurre con el Barça, reconocido como el referente indiscutible por todos los rivales.

FRUSTACIÓN por ver al rey indiscutible del futbol mundial vestido de blaugrana, acumulando galardones individuales mientras sus estrellas pagadas a precio de oro solo son reconocidas por actitudes chulescas, lesiones inducidas, anuncios de calzoncillos y pubalgias crónicas.

IMPOTENCIA por sufrir la mayor humillación de su historia y a domicilio, en forma de goleada escandalosa, sin paliativos. Chorreo que, lo saben, será recordado por los siglos de los siglos.

INCAPACIDAD para encontrar un entrenador a la vez capaz y glamuroso que oponer al siempre ponderado y unánimemente admirado Guardiola, quien, para más inri, jamás podrá ser fichado.

PERPLEJIDAD ante la generación continua de talentos surgidos de la cantera culé, frente al erial de la fábrica merengue, donde aun se amarran a los tacones de Guti y la raza de Raul.

ESTUPEFACCIÓN por comprobar como el estamento arbitral que tradicionalmente acudía raudo a sentenciar las competiciones en su favor no muestra ahora de forma tan escandalosa sus preferencias, aun y teniendo en nómina a bazofia deportiva como Pérez Burrull o Delgado Ferreiro.

INDIGNACIÓN por que un equipo no español, catalán para mayor gravedad, domine las competiciones nacionales y despierte simpatías en tierras donde antes solo podía adorarse la bandera blanca, siempre sinónimo de la rojugualda. Hoy un equipo que es el auténtico símbolo de Catalunya -aunque les duela a los pericos- domina sin discusión en España, Europa y el mundo. Hasta a la parodia de Mister Bean que habita la Moncloa ansía que el Barça le salve la cara y recupere el prestigio dilapidado con su catastrófica gestión. Como se han de ver por las españas...

SORPRESA por comprobar que ningún jugador de can Barça sea receptivo a los cantos de sirena del tito Florentino. Ni Iniesta, ni Messi ni nadie quiere ir al Madrid.

ESQUIZOFRENIA, por pasarse los partidos repasando el video para detectar ayudas escandalosas a favor del Barça, viendo la mano de Villar en todas las decisiones -incluso en la nunca sospechosa de madridismo del Comité de Competición, formado por individuos que han reconocido su condición de socios merengues-.

HISTERIA por comprobar como todas sus artimañas manipuladoras caen en saco roto, no logran distraer al equipo culé -sí al entorno, pero no a Pep y los suyos-y, encima, reciben una lección de sentido común, humildad y elegancia en cada rueda de prensa por parte del técnico de Santpedor.

Y se podría seguir y seguir. Pero no hace falta. Basta con escuhar las declaraciones de Raul y a Pellegrini. Esas que no se ponen en los titulares grAndilocuentes. Esas que se silencian. Eso es el Villarato.

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